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SANGRE DE CRISTO, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


YO escucho la canción de agonizante
que canta, abandonando tus entrañas,
la sangre desbordada con que bañas
la tierra dolorida y anhelante.

Como un rocío ardiente y abundante
que sepultase valles y montañas,
llueve, Jesús, Tu sangre y no restañas
su manar, su caer, dulce y amante…

Oigo su gotear, su golpe oscuro,
delirante, en la tierra sitibunda
que la bebe quedando redimida.

Y siento su llover sobre mi impuro
corazón de pecado, que se inunda
de su amorosa luz hacia otra vida.





PRIMAVERA NUEVA, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


COMO el almendro, en cuya seca rama
que pareció al invierno ya sin vida
deja la primavera florecida
su nueva savia que en la flor se inflama,

así mi alma también se me derrama
en una nueva primavera henchida
y de su amarga sequedad se olvida
floreciendo al Amor que me reclama...

Como el almendro de este santo huerto
esperaba con fe la primavera
que le ha dejado de alba flor cubierto,

así mi alma también, también espera
poder cantar la fe que nunca ha muerto,
¡el cielo Tuyo que un instante viera!