TU Muerte, Cristo mío, no fue Muerte
sino para tu cuerpo lacerado,
por todos los tormentos entrenado
y en todos los martirios hecho fuerte.
Cuando tu cuerpo roto quedó inerte
y el espíritu alzóse ya librado,
otra vida soñaste y otro estado
donde la gloria vino a florecerte.
Tú fuiste el que soñó el más alto sueño,
soñador de la Muerte vuelta en Vida,
soñador de una Vida eterna y pura…
La realidad mató en el duro leño
amargo de la Cruz tu carne herida
cuando eras todo Vida ya en la altura…

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