CRUZ, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


¡SER tu Cristo y Jesús, oh Jesucristo,
Hombre-Dios por las alas de tu Verbo,
y consumirse en el dolor acerbo
de la Pasión sangrienta en que te he visto!

¡He de ver si sufriendo te conquisto,
y Te rescato y puro Te conservo,
Jesucristo, Hombre-Dios, Sangre en que hiervo,
Hombre en que vivo, Dios en que me existo!

¡Redimir Tu dolor, borrar Tu pena,
poder morir por Ti dando la vida
por cada gota que Tu sangre vierte!...

¡Por la tierra pasar con faz serena
―clara alegría en la secreta herida―
Abrazado a la Cruz hasta la Muerte!




2. PASIÓN, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


TU Muerte, Cristo mío, no fue Muerte
sino para tu cuerpo lacerado,
por todos los tormentos entrenado
y en todos los martirios hecho fuerte.

Cuando tu cuerpo roto quedó inerte
y el espíritu alzóse ya librado,
otra vida soñaste y otro estado
donde la gloria vino a florecerte.

Tú fuiste el que soñó el más alto sueño,
soñador de la Muerte vuelta en Vida,
soñador de una Vida eterna y pura…

La realidad mató en el duro leño
amargo de la Cruz tu carne herida
cuando eras todo Vida ya en la altura…


1. PASIÓN, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


LA corona de espinas, Cristo mío,
que fiera Te mordió la limpia frente;
los clavos que en Tu carne transparente
se hundieron apagando en Ti su frío;

el acerbo sudor, letal rocío,
la sangre que vertiste amargamente;
la lanza con que abrió la oculta fuente
de Tu costado el centurión impío;

Tus llagas, Tus dolores, Tu agonía,
en mí los siento arder, en mí los siento
al vivir Tu Pasión el alma mía…

Mas, ¡qué dulce tormento este tormento!
¡Por Ti, Jesús, me crucificaría
si así evitase yo Tu sufrimiento!




SANGRE DE CRISTO, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


YO escucho la canción de agonizante
que canta, abandonando tus entrañas,
la sangre desbordada con que bañas
la tierra dolorida y anhelante.

Como un rocío ardiente y abundante
que sepultase valles y montañas,
llueve, Jesús, Tu sangre y no restañas
su manar, su caer, dulce y amante…

Oigo su gotear, su golpe oscuro,
delirante, en la tierra sitibunda
que la bebe quedando redimida.

Y siento su llover sobre mi impuro
corazón de pecado, que se inunda
de su amorosa luz hacia otra vida.





PRIMAVERA NUEVA, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


COMO el almendro, en cuya seca rama
que pareció al invierno ya sin vida
deja la primavera florecida
su nueva savia que en la flor se inflama,

así mi alma también se me derrama
en una nueva primavera henchida
y de su amarga sequedad se olvida
floreciendo al Amor que me reclama...

Como el almendro de este santo huerto
esperaba con fe la primavera
que le ha dejado de alba flor cubierto,

así mi alma también, también espera
poder cantar la fe que nunca ha muerto,
¡el cielo Tuyo que un instante viera!




PECADO Y RESURRECCIÓN, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)

  
¡QUÉ inmensa, negra noche desolada,
sus tinieblas de espanto y de amargura,
su frío desamor, su sombra impura,
descendió sobre mi alma abandonada!

¡Que triste corazón sin Tu mirada,
sin Tu luz, mi Señor, sin Tu ventura!
¡Qué muerte sin Tu amor! ¡Qué desventura
sentir mi sequedad, mi amarga nada!

Es la Noche, la Sombra, es el no verte,
Señor, en la ceguera del pecado
la más amarga, cruel, trágica muerte…

Te tuve en mis entrañas sepultado
tanto tiempo, Señor, sin conocerte…
¡Mas nuevamente en mí has resucitado! 



NOCHE, Sonetos de amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)

  
MI antiguo corazón, sin voz ni vida,
¡con cuánta noche y soledad pelea!
Un viento misterioso de ala herida
besando gime el corazón que orea.

Oculta sangre del amor, huida,
por mis venas levanta su marea.
Hondo rumor de muerte enloquecida,
de vida oscura, que mi amor desea…

Allá en la lejanía canta el cielo,
la montaña se yergue noble y pura,
la luz se eleva en un sereno vuelo…

Alzo mis tristes ojos a la altura
y te ofrezco, Señor, mi desconsuelo
desde esta noche de mi vida oscura.