HE aquí la paz. El dulce claro viento,
el manso fluir del agua rumorosa,
la límpida armonía venturosa
del cielo azul, del huerto del convento.
Pájaros cantan, sí; su tierno acento
encanta al sueño que en la paz reposa.
Y en mí canta Tu esencia milagrosa
en el silencio del recogimiento.
He acallado mis gritos y mis voces
y escucho allá en el fondo la voz Tuya
mansa y dulce, Señor, amor cantando.
¡Qué nueva vida! ¡Qué secretos goces!
Ten cuidado, Señor, no me destruya
esta caricia, Amor, que me estás dando…

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