SANGRE DE CRISTO, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


YO escucho la canción de agonizante
que canta, abandonando tus entrañas,
la sangre desbordada con que bañas
la tierra dolorida y anhelante.

Como un rocío ardiente y abundante
que sepultase valles y montañas,
llueve, Jesús, Tu sangre y no restañas
su manar, su caer, dulce y amante…

Oigo su gotear, su golpe oscuro,
delirante, en la tierra sitibunda
que la bebe quedando redimida.

Y siento su llover sobre mi impuro
corazón de pecado, que se inunda
de su amorosa luz hacia otra vida.