CANCIÓN DEL AGUA VIVA (1946), Secreta Fuente (1948)


“… aquella eterna fonte.”
San Juan de la Cruz

MI amor se desnudaba
a la orilla del agua,
a la orilla del cielo,
junto a la fuente clara.
¡La fuente de agua viva
secreta en la montaña!

―Mi amor se desnudaba
a la orilla del agua.

Dejó las limpias prendas
sobre las verdes ramas,
y deshojó las flores
que tejiera en guirnaldas.
Se olvidó de los pájaros
que en la umbría cantaban,
del rumor de las frondas,
del beso de las auras,
y en su puro desnudo
se contempló en las aguas.

―En su desnudo puro
junto a la fuente clara.

Su imagen intangible
de luminosa gracia,
vio esfumarse, fundirse,
entre la viva plata
de aquella eterna fuente
secreta en la montaña.

―Mi amor se reflejaba
en las ondas de plata.

Dejó mi amor la orilla
y se perdió en las aguas.
En su eterna corriente
murmura, fluye, canta,
onda entre vivas ondas,
luz entre luces altas,
¡cielo mismo en el cielo
que las aguas arrastran!

―Dejó mi amor la orilla
y en la corriente canta.

¡Oh fuente de agua viva
que en lo escondido mana!

―No volvió a la ribera
que su amor era el agua.




AMOR DE DIOS, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)



HE aquí la paz. El dulce claro viento,
el manso fluir del agua rumorosa,
la límpida armonía venturosa
del cielo azul, del huerto del convento.

Pájaros cantan, sí; su tierno acento
encanta al sueño que en la paz reposa.
Y en mí canta Tu esencia milagrosa
en el silencio del recogimiento.

He acallado mis gritos y mis voces
y escucho allá en el fondo la voz Tuya
mansa y dulce, Señor, amor cantando.

¡Qué nueva vida! ¡Qué secretos goces!
Ten cuidado, Señor, no me destruya
esta caricia, Amor, que me estás dando…





PRESENCIA DEL SEÑOR, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


SIENTO la voz divina de Tu boca
acariciar mi oído tiernamente,
Tu aliento embriagarme, y en mi frente
la mano que ilumina cuanto toca.

Mi antiguo corazón de amarga roca
ha brotado divina, oculta fuente,
y una armonía dulce y sorprendente
a su celeste Amor, fiel me convoca.

La soledad, la noche en que vivía,
el hondo desamparo y desconsuelo,
la triste esclavitud que me perdía,

son ahora presencia, luz sin velo,
son amor, son verdad, son alegría,
son libertad en ti, Señor, ¡son cielo!






CRUZ, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


¡SER tu Cristo y Jesús, oh Jesucristo,
Hombre-Dios por las alas de tu Verbo,
y consumirse en el dolor acerbo
de la Pasión sangrienta en que te he visto!

¡He de ver si sufriendo te conquisto,
y Te rescato y puro Te conservo,
Jesucristo, Hombre-Dios, Sangre en que hiervo,
Hombre en que vivo, Dios en que me existo!

¡Redimir Tu dolor, borrar Tu pena,
poder morir por Ti dando la vida
por cada gota que Tu sangre vierte!...

¡Por la tierra pasar con faz serena
―clara alegría en la secreta herida―
Abrazado a la Cruz hasta la Muerte!




2. PASIÓN, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


TU Muerte, Cristo mío, no fue Muerte
sino para tu cuerpo lacerado,
por todos los tormentos entrenado
y en todos los martirios hecho fuerte.

Cuando tu cuerpo roto quedó inerte
y el espíritu alzóse ya librado,
otra vida soñaste y otro estado
donde la gloria vino a florecerte.

Tú fuiste el que soñó el más alto sueño,
soñador de la Muerte vuelta en Vida,
soñador de una Vida eterna y pura…

La realidad mató en el duro leño
amargo de la Cruz tu carne herida
cuando eras todo Vida ya en la altura…


1. PASIÓN, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


LA corona de espinas, Cristo mío,
que fiera Te mordió la limpia frente;
los clavos que en Tu carne transparente
se hundieron apagando en Ti su frío;

el acerbo sudor, letal rocío,
la sangre que vertiste amargamente;
la lanza con que abrió la oculta fuente
de Tu costado el centurión impío;

Tus llagas, Tus dolores, Tu agonía,
en mí los siento arder, en mí los siento
al vivir Tu Pasión el alma mía…

Mas, ¡qué dulce tormento este tormento!
¡Por Ti, Jesús, me crucificaría
si así evitase yo Tu sufrimiento!




SANGRE DE CRISTO, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


YO escucho la canción de agonizante
que canta, abandonando tus entrañas,
la sangre desbordada con que bañas
la tierra dolorida y anhelante.

Como un rocío ardiente y abundante
que sepultase valles y montañas,
llueve, Jesús, Tu sangre y no restañas
su manar, su caer, dulce y amante…

Oigo su gotear, su golpe oscuro,
delirante, en la tierra sitibunda
que la bebe quedando redimida.

Y siento su llover sobre mi impuro
corazón de pecado, que se inunda
de su amorosa luz hacia otra vida.





PRIMAVERA NUEVA, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)


COMO el almendro, en cuya seca rama
que pareció al invierno ya sin vida
deja la primavera florecida
su nueva savia que en la flor se inflama,

así mi alma también se me derrama
en una nueva primavera henchida
y de su amarga sequedad se olvida
floreciendo al Amor que me reclama...

Como el almendro de este santo huerto
esperaba con fe la primavera
que le ha dejado de alba flor cubierto,

así mi alma también, también espera
poder cantar la fe que nunca ha muerto,
¡el cielo Tuyo que un instante viera!




PECADO Y RESURRECCIÓN, Sonetos del amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)

  
¡QUÉ inmensa, negra noche desolada,
sus tinieblas de espanto y de amargura,
su frío desamor, su sombra impura,
descendió sobre mi alma abandonada!

¡Que triste corazón sin Tu mirada,
sin Tu luz, mi Señor, sin Tu ventura!
¡Qué muerte sin Tu amor! ¡Qué desventura
sentir mi sequedad, mi amarga nada!

Es la Noche, la Sombra, es el no verte,
Señor, en la ceguera del pecado
la más amarga, cruel, trágica muerte…

Te tuve en mis entrañas sepultado
tanto tiempo, Señor, sin conocerte…
¡Mas nuevamente en mí has resucitado! 



NOCHE, Sonetos de amor divino (1945), Secreta Fuente (1948)

  
MI antiguo corazón, sin voz ni vida,
¡con cuánta noche y soledad pelea!
Un viento misterioso de ala herida
besando gime el corazón que orea.

Oculta sangre del amor, huida,
por mis venas levanta su marea.
Hondo rumor de muerte enloquecida,
de vida oscura, que mi amor desea…

Allá en la lejanía canta el cielo,
la montaña se yergue noble y pura,
la luz se eleva en un sereno vuelo…

Alzo mis tristes ojos a la altura
y te ofrezco, Señor, mi desconsuelo
desde esta noche de mi vida oscura.



AMOR DE LA TIERRA, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)


REPOSA horizontal mi carne alerta
a la mansa llamada que amorosa
solicita la tierra poderosa
con un aliento extraño en su alma abierta.

Un hondo corazón se me despierta
para darse a este amor que no reposa;
¡ay amor de la tierra!, ¡ay clara rosa
en que revive mi esperanza muerta!

Horizontal mi carne, mi entrañable
humanidad de barro dominado;
mientras un grito surca lo impalpable.

Mis ojos al azul se han levantado
¡Tengo amor a la tierra deleznable
y estoy también del cielo enamorado!




PRESENCIA DE MI MUERTE, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)


CADA día me quiere más mi muerte
enamorada de mi triste vida,
y caricia callada mi alma herida
la gran promesa que su amor me advierte.
 
(¡Con qué paso tan leve viene a verte,
oh vida, tu secreta prometida
y te envuelve en sus sueños, en su huida,
en su fuga a la sombra, hacia lo inerte!)
 
Me quiere más mi muerte cada día
y corteja a mi vida moza y breve
que seducida queda a su porfía.
 
Toda mi vida es suya y no se atreve
—oh lento amor― a hundir ya mi agonía
mientras mi vida pide que la lleve.
 
 
 

NOCHE DE LUNA, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)


BAJA la luna su frialdad callada
hasta el cóncavo amor del valle entero.
Es un remanso mudo y sin sendero
el viento de la tierra desvelada.

Un corazón que vela, una mirada
que la vigilia avanza, un frío acero
que la mano atenaza, y un primero
adelantar el sueño hacia la nada.

Noche de luna, noche centinela
sin más amor que tú, luna insensible,
sin otro fiel amor, mi carne vela.

Vela mi carne un sueño, que imposible
ya no tiene otro amor, y se desvela,
amarrado, sin nadie, incomprensible. 




AL VIENTO, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)

  
ALÉJAME de aquí, llévame viento
cual villano entregado, como alzable
pétalo de una flor, como impalpable
mensaje de la tierra y puro aliento.

Arrástrame contigo porque siento
destinada mi vida a lo mudable
a lo que fluye y pasa, a lo inestable,
al amor del perpetuo movimiento.

Semilla sin raíces, viento, dame
tu soplo que me lleve sin destino,
yo sin timón, sin remo ni gobierno…

Mi vida por los aires se proclame
como una luz sin sombra ni camino
que no buscando nada va a lo eterno…



SOLEDAD LLENA, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)


OH clara soledad de estos instantes
en que nada me acosa ni atropella.
Noche de centinela; luna, estrella,
amor para mis sueños vigilantes.

Oh clara soledad, astros amantes
diamantes de la noche tersa y bella.
Oh vuelo del espíritu hacia aquella
profundidad de tiempos ya distantes.

Huida, fuga, vuelo enamorado
por los sumisos aires del recuerdo
para traer la vida a nuestro lado.

Gozosa soledad, que por ti muerdo
sobre la nueva pulpa del pasado
el dilatado amor en que me pierdo.


GRITO, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)

  
SOLITARIO, desnudo, muerto, grito,
último grito de mi entraña rota,
que al abrasar el aire, llama ignota,
frío quedó, buscando su infinito.

Burla del eco, sombra que repito,
inútilmente triste en su derrota,
muerta voz que la vida me alborota,
por quererme nacer, nuevo apetito.

Grito mío, candente, el aire helado
que surcaste, cometa de mi entraña,
que tu amor, de tu ardor, quedó abrasado;

tus golpes socavaron la montaña,
los mares y los cielos se han domado
¡y tú no has muerto, grito de mi entraña!



OSCURA LLAMADA, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)


¡ESTA oscura llamada turbulenta,
voz sin contorno de una quieta hondura,
mensaje sin rubor, caricia impura,
insinuante, secreta, rauda y lenta!

Esta oscura llamada que me tienta
y me quiere arrastrar a su locura,
va ganando mi vida y mi cordura
perdidas en su ardor que se acrecienta.

Esta oscura llamada, sueño frío,
late en mi corazón, vive en mi vida,
ama en mi amor, domina mi albedrío;

esta oscura llamada maldecida,
prisión, cadena, sangre, sueño, río
por el que se desangra mi alma herida…



DESDE LA SOMBRA, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)


NOCHE, insensible noche que me acosa
de silencios y sombras, inconsciente,
y acaricia deseos por mi frente
con muda suavidad de tenue rosa.

Lenta mano callada y misteriosa
que sabe penetrarme ocultamente
y herirme de dulzura, suavemente.
¡Oh noche sin amor, tan amorosa!

Los sueños que dormían, sorprendidos,
al prenderse a tus labios llevan preso
mi corazón de amor a tu alma fría.

¡Qué vida de febriles y escondidos
deseos me levantas con tu beso

de sombra y de silencio, noche mía!



ADÁN PECADOR, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)


TRÁNSITO por la tierra. Mira el paso,
tu huella, sobre el polvo o en la arena,
cómo marca indeleble tu condena,
tu gravedad amarga, tu fracaso.

Tránsito por la tierra. Ciego acaso,
sin rumbo y sin por qué, dura cadena
que eslabón a eslabón y pena a pena
tu vida ha de amarrar hasta su ocaso.

Tránsito por la tierra. Inútilmente
el corazón esperará su vuelo:
el polvo ha de morder la altiva frente.

Mira en tu desamparo, sobre el suelo
tu pobre barro derrotadamente:
no osen tus ojos elevarse al cielo.


EL BARRO, Sonetos del destino (1944-1945), Secreta Fuente (1948)

AUNQUE sufre mi carne el cruel desgarro
que la vida me da con labio tierno
y mi arcilla y mi sangre, sin gobierno,
aun alzan un soñar al que me agarro,

como de carne soy, de sangre y barro
que, inermes, se me doman al interno
destino de la tierra, hacia su eterno
gravitar denso sin querer me amarro.

Por más que el barro aun con savia buena,
con sueño, con aliento, con gemido,
edificado está sobre la arena,

yo siento —oh tierra― helárseme un latido,
secárseme un amor, vida o cadena,
y destinarme al polvo que ya he sido.